jueves, 10 de septiembre de 2015

Terapias Vibracionales

UNA REALIDAD VIBRACIONAL


Son muchos todavía los que ven con recelo cualquier disciplina médica o terapéutica que se caracterice por utilizar recursos vibracionales. La razón de este escepticismo, a mi entender, se debe a la existencia de dos paradigmas:
Un pensamiento materialista. Considerar que la materia, dado que puede ser corroborada por los sentidos, es lo único que existe realmente.

Un pensamiento cientificista. Considerar el método científico como el único instrumento de lectura del universo. (Esta estrechez de visión por parte de los cientificistas conduce además a un error de proporción: confundir la microfracción de lo que puede ser científicamente conocido con la totalidad de la realidad).

Muchos de nosotros, en mayor o menor medida, participamos de estos paradigmas. Hemos confundido las verdades parciales de la ciencia con verdades absolutas, convirtiéndolas en dogmas de aplicación universal. Esto sucede cuando afirmamos, por ejemplo, que los estados emocionales tienen un origen bioquímico, o que las raíces profundas de la enfermedad no se encuentran más allá de un plano biológico (material).

La materia también es energía

Sin embargo, era improbable que incluso los más cientificistas permanecieran eternamente inmersos en esta miopía mecanicista propia de la física newtoniana.  Los avances científicos en las últimas décadas han sido de tal envergadura que, paradójicamente, está siendo la propia ciencia la que nos está despertando de este sueño materialista.

A partir de Einstein y su famosa fórmula E=mc2 (energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado) sabemos que no existe, en sentido estricto, una diferencia real entre materia y energía. No sólo puede transformarse la una en la otra (como quedó demostrado en la tragedia de Hiroshima y Nagasaki), sino más que eso. Respaldados además por los avances de la física cuántica, hoy podemos afirmar que la materia y la energía son en realidad dos manifestaciones distintas de una misma sustancia universal.

Basta con reflexionar en el hecho de que la materia (incluyendo nuestro cuerpo) está formada por átomos, y que más del 99% del contenido del átomo es puro vacío. Por si fuera poco, el porcentaje restante (menos del 1%) no puede considerarse del todo la parte sólida de la realidad, ya que las partículas subatómicas parecen comportarse como partículas o como ondas dependiendo del estudio utilizado para determinarlo. Los científicos además han observado que algunas de estas partículas entran y salen de la existencia sin entender todavía el cómo y el por qué. Y por si fueran pocas todas estas consideraciones, habría que atender al hecho de que los átomos no están aglutinados, es decir, existe todavía más espacio vacío, no sólo hacia el interior de los átomos, sino entre ellos.

La “solidez” de la materia

Si la materia está formada por estos átomos semiaislados y vacíos de cualquier sustancia densa, surge inevitablemente una pregunta: ¿por qué la experimentamos como algo sólido?

A riesgo de sonar muy new age me atrevo a decir que todo lo que existe en el universo es en última instancia energía en vibración. Es decir, todo lo que existe en el universo tiene algo en común: vibra; y todo lo que existe en el universo se diferencia básicamente por algo: la manera en que vibra. Pues bien, son precisamente las diferentes frecuencias y ritmos vibratorios de la energía lo que condiciona la naturaleza de lo denso y lo sutil: a menor frecuencia vibracional más nos acercamos al plano material, a mayor frecuencia vibracional más nos acercamos, en el caso del ser humano, a los planos emocional y mental.

En resumen, la materia es algo así como energía “condensada” o “congelada”, por llamarla de alguna manera. Ciertamente la experimentamos como algo sólido, y la vivencia es real (no lo imaginamos). La equivocación esta en la interpretación mental que hacemos de esa experiencia, ya que la solidez de la materia es, en sentido estricto, una ilusión.

Reflexionar sobre estos fenómenos cuánticos es indispensable para desmitificar y comprender la medicina energético-vibracional en general y la medicina floral en particular (La terapia floral de Bach forma parte de estas diciplinas médicas debido a que utiliza como principal instrumento de apoyo remedios vibracionales en estado armónico extraídos de las flores).

La terapia floral, más que una alternativa, una necesidad

“Nunca podrá ser erradicada la enfermedad con los actuales métodos materialistas por la sencilla razón de que la enfermedad no es material en su origen” decía Edward Bach hace más de 80 años.

Hoy en día son pocos los que no se han percatado todavía de esta realidad. La salud humana no puede ser procurada únicamente con tratamientos materialistas. La naturaleza multidimensional del ser humano pide a gritos otros recursos terapéuticos naturales y sutiles que complementen a la medicina tradicional, tanto en el terreno de la prevención como de la sanación.

Una sociedad cada vez más despierta ha favorecido que las medicinas capaces de alcanzar las realidades más profundas y sutiles del ser humano estén en auge. Y dentro de las diferentes opciones existentes, la terapia floral está, sin duda (por su caracter holístico, espiritual, inocuo y eficiente), entre las más recomendadas y solicitadas.

Fuente: Miguel Ángel Barquín G-V
Publicado en revista CREESER